Sin desdeñar la lindura de las primas,
creo que es más bien una cosa de hambre y necesidad:
a medida que pasan los años,
la gama que apreciás
-de las damas-,
va desde tu misma edad
(o unos años más si la necesidad es elevada)
hasta la pubertad.
Absteneos de esos asuntos,
así mantenemos juntos
en un mismo correo
a primas, tías, viejos y reos.
A Carlos la prole lo refrenda;
no le hace falta probar
hasta dónde el viril es capaz de llegar
sin nadie que lo defienda.
La seriedad se debía a la edad
de la nena que se casoreaba
no lo digo por maldad
sino que los cuarenta
casi todo el mundo superaba.
Es cierto el parecido
entre el vikingo y el Roni,
pero no pasa del colorido;
sólo uno por el alcohol era ido.
Al Roni el apellido hay que cambear,
por lo que acababa de chupar,
y porque se ve que podría tomarse un mar
es mas digno de se apelar
Roni Walker, que Roni Esmar.
La ocasión fue brava:
la Tía Silvia, septuagenaria,
y la niña Sol se enlazaba
con un pelado que la abrazaba
y a la fiesta naides faltaba.
Se ve que pa el amor no hay edad
y aunque el hermano cuerpo no rinda
el corazón siempre da la ocasión linda
pa las cosas de la eternidad.
Esta payada y este fogón,
no verán el apagón
si algún primo valiente,
tiene labia suficiente.
Atte. el Cura
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