miércoles, 3 de junio de 2009

La adolescencia de Capocha

Cuando apenas era una criatura de 16 años, cursando mi tercer año, mi padre se vio obligado a mandarme a la prestigiosa IADE (Instituto Americano de Enseñanza), a estudiar la carrera de Mecánica Automotriz. Lamentablemente se vio obligado por las onerosas cuentas, por combustible y mecanico que recibía después que sus hijos varones mayores utilizaban el Falcón. Solucionado este tema, después de recibir merecidamente mi diploma de Bachiller, me vi obligado, junto a mi querida broder Cecilia, que no me deja mentir, a dejar los estudios terciarios y dedicarnos al trabajo. Les recuerdo que el test vocacional que me hicieron en el colegio, dio el resultado que podría ser un excelente ingeniero. Uno se preguntara porque no poder estudiar y tener que salir al ruedo del trabajo, muy sencillo, mi pobre padre no podía pagar los estudios de los varones mayores y las menores de las mujeres y necesitaba que le demos una mano. Cecilia fue una excelente secretaria y yo me dedique a limpiar fabricas abandonadas en el conurbano bonaerense. Casi todo lo ganado, restando los viáticos, se lo entregábamos a nuestro padre. Uno estudio abogacía y nunca ejerció, otro estudio economía y no termino. Las nenas se dedicaron a las humanidades y hoy son excelentes profesionales. Estamos muy orgullosos.

En esa época, por mi acercamiento a la iglesia (era el mejor integrante del coro de la Iglesia del Colegio Marín), dicho por el finado vecino Perisse, pensé meterme de cura. Todo se trunco cuando mi broder Rafa encaro a la vieja diciéndole que me controle porque no estaba en buenas compañías y me estaba dedicando a las drogas. Entonces me dedique a ayudar y entretener a los ancianos del Asilo Marín, esto lo hacia por vocación y no como se dijo que era para levantar Filosofía (Filo=Amor, Sofía=Sabiduría), que ese momento la dictaba el Prof. Barrios que ayudaba a las monjas del asilo, tuvieron que cerrar la boca porque me bocho.

Siempre de Uds.

Agustín

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