viernes, 12 de junio de 2009

El verso de la fe

Consejos yo no voy a dar
más callado no he de quedar,
si a las primas hay que encarrilar,
ya la tarea vamos a encarar.

La cáscara hay que olvidar,
tarde o temprano se la ha de enterrar;
al alma con insistencia alimentar,
y con el Otro y los otros conectar.

Recetas no se pueden dar,
pero la paz se ha de encontrar
cerca, no lejos, se puede hallar,
en quien por nos se dejó crucificar.

A tiro de la mano está
con ojos cerrados lo encontrás;
nadie como Él entenderá,
lo que en el fondo necesitás.

No porque Él no lo sepa;
paz halla quien expresa,
y se confía a su Amor,
que es del todo Salvador.

Esta es nuestra fe y razón,
no sólo en nuestra generación,
también la de nuestros mayores,
a quienes queremos rendir honores.

Encontraron en Él la vida,
un modo de vivir, y una salida
al eterno acecho egoísta,
muriendo cual altruistas.

No fueron irreprochables o perfectos,
pero mantuvieron ideales erectos;
compartimos con ellos los defectos:
vivirán como ellos sus hijos dilectos?

La fe, la entrega total por amor
y la esperanza de un mundo mejor,
nos queme de inquietud y de ardor
y nos haga santos para este hoy.

¿Si preguntamos a nuestros ancestros
cómo honrar su historia y restos,
acaso nos dirán que aflojemos?

Fáciles nunca fueron ni el Creer ni el Vivir,
por eso se venera el profundo existir
de los que aman hasta las manos,
a su Dios y a sus hermanos.

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